Reconocer el deseo después de mucho tiempo de no nombrarlo
Texto de ejemplo. Es un borrador escrito para probar el formato del blog: no es un texto publicado de Urdimbres.
Martes. Me descubrí mirando la vidriera de una librería más tiempo del necesario. No compré nada. Pero algo en el pecho se movió, como un animal chico que despierta.
Hace años que no pregunto «¿qué quiero?» sin que la respuesta venga recortada por lo que corresponde, lo que se puede, lo que no genera problemas. Hoy no me respondí. Apenas me quedé con la pregunta abierta.
Jueves. Un indicio nuevo: me dio ganas de bailar mientras lavaba los platos. Bailé. Nadie me vio. Fue suficiente para entender que el deseo no siempre llega como un gran anuncio: a veces es un hormigueo en los pies.
Sábado. Escribo esto para no olvidarlo: nombrar el deseo después de tanto silencio es torpe. Salen palabras chiquitas, casi infantiles. Las dejo salir así.
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